Durante años, el objetivo de los 10.000 pasos diarios se convirtió en el estándar para cuidar la salud. Relojes inteligentes y aplicaciones reforzaron esta idea, hasta el punto de que muchas personas miden su actividad casi exclusivamente por el número total de pasos. Sin embargo, un estudio científico reciente plantea un enfoque distinto: no solo importa cuánto caminamos, sino cómo y durante cuánto tiempo lo hacemos.
La investigación, publicada en Annals of Internal Medicine, analizó si la forma de acumular pasos influye en la salud cardiovascular. Sus conclusiones sugieren que una caminata continua de al menos 10 minutos puede ser más beneficiosa que sumar muchos pasos en intervalos muy cortos a lo largo del día. Un hallazgo especialmente relevante para quienes llevan una vida sedentaria.
El error de obsesionarse con los 10.000 pasos
Según Borja Del Pozo Cruz, investigador principal del estudio y profesor de la Universidad Europea de Madrid, contar pasos se volvió una práctica habitual, pero no todos los pasos tienen el mismo valor para el corazón. El trabajo utilizó datos del Biobanco del Reino Unido y analizó a 33.560 adultos que caminaban 8.000 pasos diarios o menos.

La caminata continua gana protagonismo frente al mito de los 10.000 pasos diarios
El objetivo fue comprobar si el tiempo continuo de caminata influía en los resultados cardiovasculares más allá del total de pasos. La respuesta fue clara: sí influye. Las personas que superaban los 10 minutos seguidos caminando mostraron un menor riesgo de enfermedad cardiovascular y de muerte prematura que aquellas que repartían sus pasos en trayectos muy breves.
Tal como señala Del Pozo en el editorial que acompaña al estudio, entre quienes caminan poco, acumular pasos en sesiones más largas y sostenidas se asoció con una reducción significativa del riesgo cardiovascular. Esta relación fue aún más marcada en las personas más sedentarias, lo que refuerza la importancia de la continuidad del ejercicio.
Por qué 10 minutos de caminata marcan la diferencia
Para medir la actividad, los participantes llevaron un acelerómetro durante una semana. A partir de esos datos, se los clasificó según la duración de sus sesiones de caminata:
- Menos de 5 minutos.
- De 5 a 10 minutos.
- De 10 a 15 minutos.
- 15 minutos o más.
Casi el 43% realizaba paseos muy cortos, de menos de cinco minutos, mientras que solo un 8% caminaba durante 15 minutos o más. El seguimiento se extendió durante ocho años, periodo en el que se registraron 735 muertes y 3.119 episodios cardiovasculares, ajustando los resultados por edad, tabaquismo, sedentarismo y pasos totales.
Los resultados fueron consistentes: las caminatas breves se asociaron con un mayor riesgo, mientras que caminar de forma continua redujo significativamente los eventos cardiovasculares. Esto sugiere que incluso una caminata diaria de 10 minutos, realizada de manera sostenida, puede generar beneficios claros para la salud y la esperanza de vida.
Aunque el estudio no fija una recomendación definitiva, los expertos apuntan que organizar el movimiento en tramos más largos, como caminar después de comer o durante el trayecto al trabajo, puede ser una estrategia sencilla y eficaz. En definitiva, no se trata solo de alcanzar una cifra mágica, sino de aprovechar mejor el tiempo de entrenamiento.


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